El ajedrez se vincula con conceptos egipcios de orden, juicio y disciplina. El texto comienza con el senet, juego antiguo asociado al más allá, y explora cómo el shatranj llegó a Egipto islámico. La tabla de ajedrez se convierte en metáfora de ética, estrategia y límites humanos. Los vínculos simbólicos se analizan con cuidado, evitando afirmar continuidades directas cuando la evidencia es incierta. La imagen muestra una pintura de la tumba de la reina Nefertari (1295–1255 a.C.), que refleja esta conexión. El autor no propone una línea de pensamiento única, sino que resalta cómo el ajedrez, a través de su historia, ha capturado ideas profundas de la cultura antigua. La discusión no se centra en una única interpretación, sino en cómo los símbolos del juego han evolucionado con el tiempo. El enfoque es crítico: no se exagera la relación, pero se reconoce su peso simbólico. La tumba de Nefertari sirve como recordatorio de cómo el juego ha sido parte de la narrativa humana desde tiempos ancestrales.